Editoriales


Juan Carlos Schmid, Secretario Adjunto
FeMPINRA

Democracias y luchas populares
1983 - 2008



En el homenaje al ex presidente R. Alfonsín realizado en la Casa Rosada, la presidente Cristina F. de Kirchner llamó a encontrar “el camino de unidad nacional” y recordó el 30 de octubre de 1983, cuando el ex presidente habló desde el Cabildo de Buenos Aires a “a todos los argentinos”.
“Esa vocación de encontrar entre todos la solución que aún no llegó para otros, debe ser el objetivo de todos” sostuvo la presidente y luego añadió, “en un mundo que se presenta con dificultades nunca vistas, viejos paradigmas se desploman y amenazan con catástrofes”
“Debemos rendir homenaje a estos 25 años de joven democracia – afirmó el ex presidente - esta democracia es nuestra casa común, el hábitat y las normas que nos deben permitir desarrollar la vida plena como individuos y familias y como sociedad y como pueblo que aspira a ser una Nación”.

 Cuando la dictadura militar naufragaba definitivamente en Malvinas, al calor de la protesta social y el agotamiento de las juntas militares, comenzaron algunos compatriotas a imaginar el retorno a la democracia recitando la Constitución Nacional de 1853.
Fue el tiempo de los reencuentros, de los presos liberados, del retorno de los exilados, del renacer de las instituciones hasta entonces intervenidas o vigiladas. Fue también el tiempo de los motines carapintadas y las últimas asonadas de las vanguardias armadas.
Los vientos de la primavera democrática impulsaban las naves del imaginario socialdemócrata, pero mucho había sido el daño del modelo liberal, que a los desgarramientos producidos por la represión sumó otros aspectos nefastos que no se conjuraban con discursos de centro izquierda. El modelo de M. de Hoz tendió a la conformación de pequeñas patrias: la patria financista, la patria contratista, la patria portuaria… Así fue que intentaron dilapidar nuestra historia grande apostando a las patrias sectoriales, con minúscula, subsidiarias de corporaciones extranjeras, fundadas en privilegios, oligárquica y antidemocrática.
A la sombra del acoso de los bancos y la guadaña de la hiperinflación se retiró apremiado el gobierno de la UCR, mientras por el otro flanco, la protesta social y del movimiento obrero había abonado el imaginario peronista por la restauración de las tres banderas históricas.

Pero el gobierno del PJ incorporará para nuestra vergüenza a la mentira del discurso entrañable un vasto despliegue de medidas que encarnan no sólo el vaciamiento de contenidos sino el deshonor y la traición. Hombres y mujeres de la más rancia oligarquía ocuparían ministerios y espacios de conducción en el gobierno. El beso de Judas entre el presidente constitucional y el anciano marino golpista signan la etapa por venir, diametralmente opuesta al mandato de las urnas.
Los actos simbólicos dieron lugar a las políticas de los Chicagoboys, a las instrucciones del FMI, a las recomendaciones del Banco Mundial que se mal tradujeron en ideas de modernidad y reforma del Estado como trampolín para la incorporación al primer mundo.
A la liquidación, privatización o concesión de las empresas del Estado, se avanzó en la apertura económica, en las garantías a los inversores extranjeros, en la explotación irracional de los recursos naturales (minería, pesca, agricultura intensiva, etc.), profundizando linealmente el modelo económico de M. de Hoz.
En ese contexto se redefine el concepto de democracia convirtiéndose en bandera de rechazo al modelo neoliberal.
La extensa geografía nacional se ve conmovida por los paros del movimiento obrero, la carpa blanca de los docentes, la marcha federal, los piquetes en las regiones paralizadas y vaciadas de medios de producción.
Luchas dignas y heroicas, portadoras de la mejor herencia nacional atravesaron la patria pero resultaron insuficientes para detener el discurso único, la concentración del poder político y la ingerencia de los grupos económicos trasnacionales.
(El pensamiento único se disfrazaba de objetivo, universal, serio, moderno, atemporal, pero las luchas de nuestro pueblo empezaron a establecer viejas-nuevas formas de pensar al calor de la resistencia.
No estábamos solos, a mediados de los noventa nuestra América Mestiza comenzó a dar signos de vital independencia y soberanía, a Venezuela la imitarían otros pueblos… y la democracia renacería en la afirmación de nuestra identidad, de nuestra historia común, de los derechos populares. Cuba saldría del ostracismo y aislamiento impuesto por la OEA, la “prensa grande” y el bloqueo).
Paradójicamente el crecimiento económico producía mayor cantidad de expulsados del sistema, aumentando la desigualdad social en democracia, estableciendo un paralelo con los presupuestos de la dictadura militar, de la Sociedad Rural y las grandes organizaciones empresarias.
En las formalidades de la democracia los resquicios de la política harían posible el Pacto de Olivos.

A fines de la década de los ´90 el progresismo expresado en la Alianza capitaliza el hartazgo acumulado durante la segunda década infame y se constituye en el cuarto gobierno constitucional pos dictadura cívico-militar.
La inercia del Ejecutivo, el desprestigio del Parlamento y la Justicia (basta recordar la Corte Suprema de la época), bogaban a la deriva entre la presión de los grupos exitosos del modelo neoliberal y el reclamo popular.
La falta de ideas, la reacción precipitada por medidas antipopulares como el megacanje, la profundización del ajuste, la confiscación de los depósitos de los pequeños ahorristas, la desocupación trepando a más del 20%, la declaración del “estado de sitio” dio el marco para que la profunda crisis política se manifestara con la desobediencia civil en diciembre de 2001 y la inmediata caída del gobierno aliancista.
Mientras la institucionalidad democrática se deterioraba con un presidente escapando en helicóptero por las azoteas de la Casa Rosada, el pueblo destituyente rescataba en las calles, desde los barrios suburbanos al corazón enfermo de la ciudad, las herramientas históricas del protagonismo y hacer democrático, surgían las organizaciones sociales, el encuentro asambleario en las plazas, el fortalecimiento de los sindicatos antimodelo, en definitiva, renacían  las organizaciones libres del pueblo.
En la emergencia institucional y bajo la presión del descrédito generalizado (“que se vayan todos”)  la sucesión transitoria y efímera de presidentes “provisorios” desemboca en un período de transición al llamado de elecciones que conduce E.Duhalde por el término de un año.
Un tiempo signado por las dificultades, la protesta social y la incertidumbre, que sirvió también para demostrar que los pequeños-grandes agoreros de cataclismos sociales y económicos estaban equivocados. Los gürues económicos pronosticaban el fin, situaban el “riesgo país” en 5000 puntos y recetaban medicinas infernales en nombre de la gobernabilidad democrática, mientras pequeñas agrupaciones políticas llamaban a la disolución institucional y convocaban a una “constituyente”. El tiempo los redujo a pura retórica clasista.

En abril de 2003 se realizó una elección viciada y trunca, cuando los candidatos de las minorías, Menem-Romero sabiéndose perdidos pretendieron vaciarla de legitimidad desertando del comicio, (con el antecedente de haber desertado del mandato popular en 1989), allanó el camino para el triunfo de N.Kirchner.
El presidente delineó en momentos difíciles un agudo sentido de conducción, libre de tutelas, buscando la conformación de un nuevo espacio de construcción política que permitiese encauzar la demanda popular y la institucionalización del país, pero por sobre todo dio sentido a la esperanza que los argentinos demandábamos.
El otorgamiento de seis meses de amparo a los deudores hipotecarios contrariando las recomendaciones de los organismos internacionales fue una primera señal de cambio.
Al escenario de crecimiento económico se incorporaron actores fundamentales que el neoliberalismo había ignorado, marginado o “ninguneado”.
El aumento del número de empleos, ingresos y asistencia a la emergencia social, en consonancia con la demanda justa y democrática de actores como los sindicatos, los organismos de derechos humanos, las organizaciones sociales, etc., acortaron distancias con el paso del tiempo y el espíritu crítico sobre conceptos y política entre pueblo y gobierno. Demanda global que fue capaz de incorporar, particularidades y singularidades de los grupos territoriales, reclamos de minorías, de género, y de nuevos fenómenos de la liberalización del trabajo: informal, en negro, de servidumbre y semiesclavitud, de los niños, etc. que en definitiva hacen a la pervivencia o no de la democracia. En ese sentido se aplicaron las primeras medidas correctivas en el sistema provisional que a la postre (2008) se coronaría con la aprobación en diputados de la “movilidad del haber jubilatorio” y la coincidencia sobre el particular del movimiento obrero entre la CGT y la CTA.
Situación de avance que no implica la reducción o cambio de un modelo exportador caracterizado en esta etapa por la explotación extractiva (pesca, minería, celulosa, soja y biocombustibles) pero que ha instalado la ruptura del discurso único y la panacea globalizadora.

El pueblo argentino ratifica en las elecciones de octubre de 2007 a Cristina F. de Kirchner con la vocación y fortaleza que sólo emana de las mayorías: 1) 8 millones de voluntades para despejar definitivamente cualquier duda sobre la representatividad de la presidente, 2) la adhesión a un proyecto político que prioriza el interés de los argentinos y la demanda de inclusión social, 3) el reclamo subyacente de profundizar las acciones del gobierno con la incorporación de diversos actores sociales que sean garantes de un modelo alternativo y posible que tienda a emanciparnos de las corporaciones extranjeras.
Reclamo que ya se había manifestado como expresiones de soberanía en el rechazo al ALCA y los TLC, en la revisión y anulación de concesiones de los servicios públicos privatizados, en el repudio a explotaciones salvajes que atentan contra el medio ambiente.
Aspectos que se manifestaban en una nueva política de reracionamiento multilateral, donde al espacio del MERCOSUR se incorporó paulatinamente el eje andino, materializado en un abanico de importantes convenios en materia energética, recursos naturales, industriales, alimenticios, comerciales, etc.
Y expresiones solidarias que se manifestaron en las crisis entre Ecuador-Colombia y en Bolivia con los intentos golpistas del oriente separatista.  
Pero a poco de andar, en abril de 2008 y durante cuatro meses se desencadena el hostigamiento de las organizaciones ruralistas (algunas, como la Sociedad Rural han sido fervorosas defensoras de las soluciones autoritarias, cuando no golpistas, una constante que va desde 1922 a los golpes cívicos-militares en 1930, 1955 y 1976.  
Esta vez arremetieron contra el gobierno y las instituciones so pretexto del rechazo a los impuestos sobre la rentabilidad agraria, pero a poco de andar, el reclamo gremial avanzó en la conformación de un heterogéneo y carnavalesco “frente opositor” de impronta autoritaria como se desprende de las ideas y objetivos de los “dirigentes del campo” y un mosaico de referentes políticos, sociales y sindicales, que dicen a diario su verdad por la “prensa grande”.
Actúan en sintonía con la ideología de los países ricos, que no hacen más que declamar políticas para bien de la “humanidad” pero que en la práctica y en función de sus mezquinos intereses defienden un modelo que sólo derrama sobre el planeta los nefastos efectos que ellos mismos producen: crisis económicas recurrentes, comercio asimétrico, desastres ambientales, migraciones desesperadas, muros disuasorios, guerras por los recursos naturales… En ese sentido, los mayores beneficiados del modelo neoliberal en el país comparten la misma herencia genética, la misma semilla de maldad que los globalizadores del mundo.
Por su parte, pueblo y gobierno tienden puentes en el sentido del consenso entre los países de la región, como se expresara en la reunión de UNASUR en Chile donde  -sin los EEUU- se comienza a tejer  “una frazada que nos cubra a todos los pueblos” que reafirmamos Solidaridad, Justicia Social y la Democracia como nociones indivisibles del imaginario cultural y la utopía de los pueblos de nuestra América Mestiza.
25 años en el tiempo que fueron conformando un camino de resistencia y luchas, que recorrió las vastísimas geografías del continente, que rastreó las huellas del pasado, perfeccionó métodos, acuñó estrategias liberadoras porque esas son en definitiva nuestras formas de defender la democracia.  
 

Juan Carlos Schmid
Secretario Adjunto


 

 

 

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