Editoriales


Juan Carlos Schmid, Secretario Adjunto
FeMPINRA

Obama, la crisis internacional y la democracia



Hay dos continentes que atraviesan diversos problemas (África y América Latina) no registrados en la política exterior de los EEUU.
El gran suspiro de alivio que llegó con la asunción de Obama, no alcanza a despejar las incógnitas sobre esta parte del mundo. Mundo crecientemente globalizado y transnacional donde los gobiernos democráticos coexisten con poderes económicos que tienen enorme influencia sobre los resortes del estado, pero que están más allá de su control.
Efectivamente, más que en el pasado, los gobiernos están bajo presión de una opinión pública monitoreada por esos factores y eso restringe sus opciones, los partidos políticos que en algún momento fueron el soporte de esos gobiernos se han desmoronado, pero los gobiernos no pueden dejar de gestionar, asesores y expertos insisten en hacer ver a los presidentes al frente de la acción, multiplicando gestos, realizando anuncios, haciendo obras, forzando a una intensidad de gestión sin lugar a dudas de creciente desgaste. Todos los mecanismos de estado se encuentran
confinados dentro de los fronteras nacionales para enfrentar a un mundo interconectado. Estamos confrontando con los desafíos del siglo XXI, con instrumentos inapropiados, ¿Cómo ser efectivo en el marco de una economía globalizada la cual opera por medio de unidades heterogéneas para los cuales son irrelevantes la legitimidad política o el interés común?
Sobre todo nos debatimos ante un gigantesco impacto ambiental de imprevisibles consecuencias y la solución no se podrá construir contando votos o midiendo la preferencia de los consumidores. Encaramos el tercer milenio con todos estos obstáculos que interpelan nuestra condición.
Friedrich Nietzche decía: “Solamente aquel que construye futuro tiene derecho a juzgar el pasado”.¿Qué piensa la ciudadanía sobre la economía y la sociedad?. La encuesta Latinobarometro nos ofrece algunas pistas: La democracia se ha activado. Los ciudadanos están votando en proporciones crecientes, pero además están fortaleciendo las formas de participación política no convencional. Así han revalorizado el papel de “las marchas,
protestas, y manifestaciones en la calle”. El 63% piensan que son normales en democracia”, el 59% que son “indispensables para que las demandas sean escuchadas” y el 56% que “es una manera que tienen hoy los jóvenes de sentirse parte de algo”.
Las agudas desigualdades siguen vigentes La mitad de los encuestados considera que las desigualdades no han disminuido durante la democracia. Sólo un 21% piensa que si lo han hecho.
Los más discriminados, los jóvenes pobres. En la mayor parte de los países hay más de un 80% que dice que hay personas discriminadas. Aparecen como los más discriminados según las percepciones los pobres seguidos por los indígenas. Dos terceras partes dicen a su vez que “la policía es más propensa a detener a un joven que a un adulto”. Por ende, ser pobre y joven es captada como la condición más estigmatizada en sociedades que ven fuertemente discriminatorias.
El Estado debe resolver los problemas. Cuando se pregunta si el “Estado o el mercado” deben resolver los problemas, una amplia mayoría se inclina por el Estado. Cuando se interroga sobre si determinadas actividades deberían estar mayoritariamente en manos del Estado: educación básica (86%), universidades (82%), petróleo (80%), teléfonos (71%).
Desconfianza
El 70% piensa que “los países están gobernados por unos cuantos grupos poderosos en su propio beneficio” La crisis internacional encuentra a América Latina más preparada que en otros momentos, presenta fortalezas macroeconómicas propias de los noventa, pero insoslayables a la hora de evaluar la economía; Evo Morales considerado un “populista” tiene el superavit fiscal más alto de la historia de Bolivia, desde Lula hasta Kirchner hubo un aprendizaje de la historia reciente y aún con medidas audaces en la apropiación de la renta se comprende el valor de una economía ordenada y con inflación controlada. Sin embargo a pesar del crecimiento, ha sido lento el restablecimiento de la igualdad… a finales del 2007 había un 39% más de pobres que en 1980.
Este viento fresco que viene de Washington significa el fin de la era Bush pero de modo alguno habrá cambios sustanciales sobre América Latina, somos los pueblos quienes no debemos dejarnos encandilar por los sucesos mundiales abandonando definitivamente las políticas de ajuste convencional que sacrificaron generaciones enteras.
Habrá que hacerlo, para ser dueños del futuro ejerciendo la movilización popular, renovando nuestras estructuras y nuestros compromisos, no olvidando que 14 presidentes en los últimos 20 años no pudieron terminar su mandato porque lesionaban los intereses de la mayoría.

Juan Carlos Schmid
Secretario Adjunto


 

 

 

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